Aprender a decir que NO

Muchas veces no sabemos decir que no y de repente nos convertimos en vividores de las expectativas de los demás, del “si no voy…”, “si no estoy…”, “si digo que no…” Sencillamente nos hemos inventado que al decir no, voy a voy a fallar a alguien o me va a repercutir negativamente. En este diálogo con nosotros mismos, no nos damos cuenta que somos nosotros quienes acostumbramos a las personas de nuestro entorno a que dependan de nosotros “porque yo siempre tengo un sí”. ¿No os ha pasado más de una vez?

Y, ¿a quién le estoy diciendo que no, si a todo el mundo le digo que sí?… Exacto, ¡a mí!
Tengamos en cuenta que a menudo es nuestro propio hábito a querer cumplir con todo, lo que hace que no sepamos gestionar nuestro tiempo ni nuestras relaciones más eficientemente. Así, nos creamos una dependencia tremenda que luego cuesta cambiar de manera consciente. Es entonces cuando trabajando el desapego y entendiendo las consecuencias de nuestros actos cuando podemos llegar a liberarnos de las cadenas que nosotros mismos hemos ido creando de manera sutil y, muchas veces, inconscientemente.
Entendiendo el no como una nueva oportunidad
Cuando aprendo a entender que la relación entre decir que no a una acción es distinta a decir que no a una persona, veremos que en realidad no es posible dañar o ser dañado por la negativa de alguien.
Yo puedo decir que no quiero hacer algo o que no me va bien en ese momento, pero estoy hablando de la acción en concreto, no del valor de la persona que hace la petición. Es importante aprender a no tomarnos personalmente los no que recibo o los que doy. Es más, mi invitación es a entender que el no puede tener algo muy bello en su interior si así lo deseamos: una Nueva Oportunidad.

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