El miedo nos paraliza

Hace ya varios días que me ronda por la cabeza un tema del que escribir pero hasta ahora no me había animado a hacerlo. Es curioso que se trate del miedo. De ese miedo que nos paraliza y nos da el motivo perfecto para postergar las cosas.


Hace más de cinco años que mi padre sufrió una muerte súbita seguida de un infarto que le dejó en un estado de coma profundo pasando por múltiples dificultades. Hoy podemos decir que su cuerpo estuvo sano pero su mente seguía sin conexión.


Podrás imaginarte que durante aquel periodo, todos pasamos por todo tipo de sentimientos, momentos y grandes aprendizajes. Realmente lo que sentía es que se me movían los cimientos. Poco a poco fui descubriendo en mí un sentimiento de desprotección que hasta entonces jamás había experimentado. Sufrir los altibajos de estas circunstancias es algo que empezó a hacer mella en mí y me di cuenta de que necesitaba un cambio para poder estabilizar la situación. Necesitaba sobrellevarlo con más naturalidad y convivir con la enfermedad de mi padre sin someter mi emocionalidad a su salud. Gracias a mi querida amiga Natalia llegó a mí una frase que me dio luz: convertirte en tu madre y tu padre, para lograr así ser tus propios pilares.

Lo cierto es que no sé dónde está el aprendizaje, ¿en aceptar la muerte o en vivir con la esperanza de la vida? quizá sean las dos.


En estos días me he dado cuenta de que la mayoría de veces que siento ese miedo es por la poca comprensión acerca de la verdadera raíz de mis temores. Me refiero a una comprensión global donde no solo actúa la mente sino también el corazón y el cuerpo.


Creo que cada fase de nuestra vida forma parte de un gran puzle y que, a veces, mientras lo montamos, estamos tan cerca de las piezas que no llegamos a entender el dibujo de la portada. Es necesario alejarse un poco más, tomar algo de perspectiva y mirar con otro prisma aquello que un día nos causó tanta inseguridad y temor. Normalmente no sabemos exactamente el porqué o para qué de las cosas hasta que ya ha pasado un tiempo.

Un rayo de luz tras la tormenta 


Pero, tras la parálisis, ¿qué hacer cuando vas a mover ficha en esa situación que te atemoriza? Desde mi punto de vista, se trata de no dejar de tomar acciones que nos ayuden a profundizar en nosotros mismos, para así crearnos raíces tan fuertes que nos mantengan en pie cuando la vida nos golpee o nos caigamos.

Cuando nos aventuramos a buscar una mayor comprensión de nuestros temores, podemos llegar a divisar de qué se trata en realidad. A veces es falta de confianza en uno mismo, otras es complejo de inferioridad, dolor o todas aquellas incapacidades que nos impiden avanzar.


Es en este momento de análisis de uno mismo es cuando podemos iniciar un entrenamiento mayor para aprender a manejar nuestra emocionalidad y energía vital, liberándonos de todas aquellas cosas que nos provocan confusión mental, aflicción o altibajos.

Por eso, aunque en el momento sea imposible verlo, pasado el tiempo nos damos cuenta de que los momentos que nos traen pérdidas profundas y dolorosas siempre dejan una posibilidad de crecer, de reinventarse, de trascender y de salir a flote más fortalecido… si trabajas en ello. 

De momento mi invitación es a que te lances a investigar tu ser interior y que ahondes en ti para crear esas raíces fuertes y profundas. Date el tiempo de analizar cuál es la esencia de aquellas cosas que te están frenando. No tengas prisa, ya que el tiempo es etéreo; tanto puedes necesitar un solo día como meses, no importa. Se trata de tu vida y vale la pena invertir en ella. Por mi parte te puedo decir que la práctica de todo esto me ha dado mucha calma y claridad. Espero de todo corazón que a ti también te sirva.

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