Cómo acompañar en el duelo

Llegados a este punto del año no hay duda de que 2020 nos ha traído muchos retos. Hemos vivido un confinamiento domiciliario, nos hemos visto cara a cara con la soledad y el aislamiento, hemos tenido que poner el foco en el trabajo personal, nos hemos unido para enfrentarnos a una situación nunca antes vista y hemos aprendido a lidiar con la incertidumbre.

Por si todo esto fuera poco, desgraciadamente a muchas personas les ha tocado la dura tarea de afrontar un duelo, a veces incluso en la distancia. Para todas ellas va destinado este artículo. Tanto si es tu caso y has tenido una pérdida este año como si has tenido que acompañar a alguna persona cercana en su duelo y no sabes cómo hacerlo voy a intentar darte un poco de luz en estos duros momentos. Y si aún así no sabes cómo gestionarlo, puedes contar conmigo, contáctame y te acompañaré en este proceso porque además de mi experiencia y conocimientos como coach profesional, yo también lo he vivido y sé muy bien lo que puedes estar sintiendo.

Las fases del duelo

Para comenzar, quiero hablarte de las fases del duelo. Creo que es fundamental entender por encima las etapas habituales por las que pasamos las personas cuando sufrimos una pérdida. Esto sirve para comprender un poquito más cómo te vas sintiendo o cómo se va sintiendo la persona a la que acompañas en ese duelo. 

Las fases del duelo no son estáticas y ni siquiera tienen que ir obligatoriamente en un orden determinado, se puede saltar alguna, volver atrás, etc.  ya que cada persona las vive a su forma, con su propio ritmo y todo está bien. Quiero recalcar (y lo iré haciendo varias veces a lo largo del artículo) que todo está bien, sentirte como te sientes está bien, no hay normas, cada persona lo vive a su modo y sobrevive a ello de la forma que necesita. Una vez dicho esto, volvamos a las fases.

 

  1. La primera fase del duelo es la negación. Esta consiste en cuando no queremos aceptar o no podemos aceptar que la situación es la que es. Se trata de una fase en la que se amortigua el dolor pero realmente lo que se está haciendo es postergándolo. Es importante que esta etapa no dure mucho tiempo para ir avanzando.
  2. La segunda es la ira, que es un momento en el que sientes mucha rabia y resentimiento y donde muchas veces la tendencia es buscar culpables o responsables de lo ocurrido. Esto es algo completamente natural y sale de forma instintiva.
  3. La tercera fase del duelo es la negociación, que es la etapa en la que pensamos en cómo podríamos haber revertido la muerte, es decir, intentamos negociar con nosotros mismos con la idea de que si hubieran pasado cosas diferentes o hubiéramos hecho cosas diferentes la muerte se podría haber evitado. Lamentablemente, estas sensaciones no forman parte de una situación real y hay que dejarlas que tal como vienen se vayan.
  4. La cuarta fase es la que se llama depresión. Y no es porque se trate de una depresión clínica sino porque es una etapa de tristeza profunda, de un vacío total que te paraliza y te hace no encontrar ni motivación ni ganas para hacer nada. Esta etapa puede ser larga y está bien permitirte transitar por ella de una forma natural, sin prisas, siendo consciente de que forma parte del proceso de duelo.
  5. La última y quinta fase del duelo es la aceptación. En esta etapa es cuando aprendemos a vivir con la ausencia, convivimos con el dolor, aceptamos lo que ha ocurrido e incluso comenzamos a recordar a la persona con una sonrisa. 

Cada duelo es distinto

Como ya he comentado, estas son las cinco fases del duelo clásicas pero no son más que una idea general. No obstante, cada duelo es distinto, cada persona es distinta y cada muerte es diferente. Puedes pasar por cualquier fase y quedarte pegada a una y luego volver a otra. Por ejemplo, es normal empezar a estar más tranquila y estar mejor y que haya algo, como estas fechas de Navidad, que te vuelva a remover y te sientas triste o con profunda melancolía… todo esto es natural.

Me gustaría que entendieses que no hay tiempos correctos, no hay un timing fijo para integrar esa ausencia como parte de tu vida. Y al final, lo importante es intentar no anclarse porque el tiempo todo lo cura, hace que las cosas se vayan ajustando y llegará un día que empezarás a pensar en esa persona y en vez de hundirte lo relacionarás con una emoción positiva, tendrás recuerdos bonitos, de su olor, de su sonrisa, de momentos vividos… será entonces cuando sentirás paz. 

Aquellas personas que acompañáis en este proceso de duelo, tenéis que entender todo esto también, respetar hasta donde tu ser querido puede gestionarlo, permitir que transite por todas las fases, que todas las emociones salgan y que recaiga las veces que sea necesario.

Pequeñas claves para acompañar en el duelo 

Antes de nada, me gustaría recalcar que el acompañamiento en el duelo es libre, no es adecuado que sientas ninguna presión, si no estás preparada o preparado para hacerlo no pasa nada. Casi es mejor no hacerlo que sentir la obligación, porque el modo en el que lo afrontes influirá en ambas partes. Una vez dicho esto, me gustaría proponerte varios puntos que puedes tener en cuenta en esos momentos en los que no sepas cómo actuar.

Equilibrio entre distancia y acercamiento

En el momento de acompañar en el duelo hay que tener en cuenta el equilibrio entre mantener distancia y estar cerca. Cada persona es un mundo, por eso es importante practicar la escucha activa, ser consciente de sus necesidades e incluso también preguntar qué necesitan de ti. Se trata también de practicar un baile entre dejarles su espacio y que no se sientan solas en este proceso. Las personas que están pasando un duelo necesitan sentir lo que tengan que sentir y encontrarse con ellas mismas porque también es esencial que noten y acepten lo que está ocurriendo a su alrededor. 

Evalúa en qué punto estás

Por otro lado, para ser un buen apoyo sería conveniente que te evaluaras también, es decir, analizar si tienes una buena energía para sostener lo que está ocurriendo. Si la persona o personas afectadas se rompen o están mal, puedes acompañarlas ya sea con silencio, para recordar cosas bonitas o con alegría pero no fuerces que no quieran hablar del tema, a no ser que te lo pidan. Que no seas tú quien evite, quien les distraiga de sus emociones porque te hagan sentir incómoda si lo que necesitan es soltar. Ten muy claro que no se trata de ti, sino de ellos y tu energía y sensibilidad tiene que estar acorde a las circunstancias. Y si no estás en ese momento, no pasa nada, habrá otros días en los que puedas enfrentarte mejor con esas situaciones, búscalos y ofrece lo mejor de ti para sobrellevar la dolorosa situación. 

Sé constante

Por último, me gustaría hablar de la constancia en los acompañantes en el duelo. Es muy habitual que cuando hay un fallecimiento mucha gente esté cerca pero luego, ya sea por prudencia o porque volvemos a nuestras rutinas, muchas de esas personas dejan de estar presentes. Por eso, te invito a no dejar de estar más o menos cerca de las personas que han tenido una pérdida, que sigan sintiendo que estás ahí. A veces tendemos a pensar que pasado un tiempo ya no es necesario hablar de ese tema pero ¿cuánto tiempo? ¿Quién dice el tiempo que se necesita para sanar este dolor tan profundo?

Lo mejor es apostar por la delicadeza, la naturalidad, la cercanía constante, el preguntar, el empatizar y el ponerse al servicio. Con todo ello, el peso seguro que será un poquito más sobrellevable. 

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